Siempre digno, maillot Arcoíris

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Texto escrito por Jon_Karrantza

Se va terminando la fiesta de la temporada ciclista. Como en todas las noches de fiesta, la primera mitad suele ser la mejor parte, y la segunda mitad, por estirada, a veces hasta sobra. Pero los que acostumbran a ver amanecer saben que ese final, el de irse a casa chutando latas con los amigos, suele deparar momentos memorables. Exactamente eso es el mundial de ciclismo, la espuela perfecta a una larga noche de fiesta, a una larga temporada que todos ansían dar por terminada, pero por el que merece la pena quedarse y no irse a casa. Siempre. Y es que no es una carrera cualquiera, es la carrera más emocionante de la temporada, llena de particularidades que la hacen única en el calendario. Y cómo no, la que entrega el premio más bonito que existe y da la gloria a un solo corredor: el que llega primero. Puro ciclismo.

El campeonato del mundo de fondo en carretera es, sobre todo, fondo. Como los monumentos del ciclismo, es una carrera de un día con una distancia superior a 250 kilómetros, una distancia sólo apta para titanes de la bicicleta. Una prueba de resistencia, desgaste y ritmo, donde pasan cosas tras cruzar la invisible barrera de los 200 kms. Pero diferente. Se corre por selecciones nacionales, equipos sin engrasar, con diferentes egos e intereses privados. Tiene lugar en un circuito cerrado, habitualmente urbano, técnico, revirado y con repechos que se repiten cada vuelta y que acaban convirtiéndose en subidas míticas. El circuito varía cada año, y con más o menos dureza siempre da cita a los mejores corredores de todos los tipos: vueltómanos, escaladores, clasicómanos ardeneros, pedrusqueros, cazaetapas y sprinters.

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El guión suele repetirse año tras año. Escapada random de ciclistas de selecciones de nivel bajo, intensidad creciente, pasos por boxes a cada vuelta con algún que otro abandono. A medida que se acercan las últimas vueltas comienzan los ataques, muy al estilo de las clásicas del norte: palo y palo, incluso en recorridos llanos. Y es que es una carrera en la que nadie se deja nada. Y los finales, de infarto, de un subidón incomparable a ninguna otra carrera (sólo la Milano-Sanremo se le acerca, por eso es conocida como el Mundial de Primavera). ¿Y todo ello, por qué? Por el premio, el honor de vestir el maillot arcoíris durante todo un año. El faro que brilla dentro del pelotón, ahí está, el campeón del mundo. Un maillot de blanco pulcro con una banda y ribetes con los 5 colores olímpicos, los colores que simbolizan los 5 continentes del planeta.

El blanco de podría asociar a toda esa semana previa al gran evento del domingo. Comenzando por las pruebas individuales contra el reloj, tanto de mujeres como de hombres, que supone una gran idea ya que inaugura la semana mundialista con un plato fuerte. La misma prueba en categorías inferiores nos da cuenta de posibles futuras estrellas, como cuando echamos la vista atrás y encontramos grandes nombres en el palmarés de mundiales pasados. Tras la simpática crono mixta y el día de reconocimiento del circuito, comienza a subir la temperatura con las carreras en línea. Todas ellas emocionantes y que dan una idea de la dificultad del recorrido, de sus puntos clave y del posible desarrollo de las carreras profesionales, incrementando la expectación.

El color azul simboliza a Europa, el tradicional continente ciclista. Tengo recuerdos frescos de los mundiales vividos in situ, los de Yorkshire 2019 y Flandes 2021. Se pueden considerar excepciones dentro del guion marcado ya que ambos tuvieron escapadas muy peligrosas casi de salida. Sin ser recorridos de una dureza extrema, la velocidad de todo el día (y en el caso de Yorkshire, unido al clima infernal) provocó una selección natural y poco controlable en la que los favoritos debían dar la cara. En Yorkshire no lo hicieron en su mayoría (salvo Mathieu Van der Poel, hasta reventar), de ahí el sorprendente ganador final, un joven Mads Pedersen. En Flandes sí dieron la talla, lo que contribuyó a uno de los mejores mundiales que se recuerdan. Remco Evenepoel en fuga todo el día puso en jaque al resto de favoritos, con Wout Van Aert en la recámara, y Julian Alaphilippe se coronó con una magnánima exhibición propia de un campeón del mundo con todas las letras.

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Con el rojo (América) es inevitable no acordarse del mundial de Duitama 1995, en Colombia. Con aquella carrera a mucha altitud, recorrido duro con el puerto de El Cogollo, los marcajes de los favoritos (Miguel Indurain, Richard Virenque, Marco Pantani, etc.) y el gran movimiento táctico de Abraham Olano. Es ya legendaria su entrada en meta con la rueda pinchada y el sprint por el segundo puesto celebrado por Indurain. Otra que será recordada es la edición de Ricmond 2015 (USA), no por el desarrollo clásico que tuvo, sino por la incontestable victoria de un Peter Sagan que tiró abajo definitivamente la puerta del olimpo ciclista.

El negro es el color del futuro, el del ciclismo africano. Siempre negado su desarrollo y potencial, también en lo deportivo, estos últimos años su ciclismo está despertando un notable interés. Aun habiendo pruebas anteriores de cierto nivel, incluido un intento de ASO de echar redes con el Tour de Faso, han sido tanto el Team Qhubeka como el Tour de Rwanda los que han conseguido hacer más internacionales a los ciclistas y carreras de África. La estelar aparición del tigrino Biniam Girmay y el futuro mundial de Kigali 2025 (Rwanda) auguran un hito más en su crecimiento. Dicho mundial es un reto organizativo, pero si ésa prueba es superada el espectáculo será grandioso. A la belleza del país se sumará el seductor recorrido (incluyendo el Mur de Kigali) y la alegría de sus habitantes atestando cada cuneta.

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Asia (color amarillo) ha albergado dos mundiales, el de Utsunomiya 1990 (Japón) y el de Qatar 2016. Aunque éste último no fue digno de tal evento, dado su nulo atractivo deportivo y su total indiferencia local. Sólo la selección de Bélgica, que rompió la carrera con un abanico, y la talla del vencedor (Peter Sagan) salvaron de la quema la edición. La de Utsunomiya es de las raras veces en las que dos compatriotas ocupan los dos primeros puestos, con una exhibición para la historia de los belgas Rudy Dhaenens y Dirk De Wolf. Sin ser un mundial, la prueba olímpica de Pekín 2008 (de parecidas características), y cómo madrugamos para disfrutarla por la diferencia horaria, nos da una idea del plan para la prueba reina del domingo.

Y es que un mundial en Oceanía (último color, el verde) como éste de Wollongong 2022 (Australia) va a requerirnos un madrugón considerable para disfrutarlo (o una gaupasa, a elección de cada uno). No es el primer mundial en las antípodas, Geelong 2010 coronó a un sprinter, Thor Hushovd, con todo merecimiento. Aunque pueda parecer indigno de un arcoíris por asociarlo a una carrera aburrida, los sprinters que consiguieron dicho maillot han sido grandes campeones. Y es que todos los campeones del mundo en general tenían el nivel al conseguirlo. Siempre han sido corredores que andaban en puestos cabeceros en carreras del estilo. Incluso Igor Astarloa o Romans Vainsteins (que podrían considerarse excepciones) tienen más de diez resultados dentro del top10 en clásicas con distancias superiores a 200 kms, monumentos incluídos.

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Como siempre en los mundiales, salen unos 20-25 nombres que podrían vestirse de Arcoíris en Wollongong. Es otro mundo de carrera, además de una carrera de un día, lo que abre el abanico. Aunque los máximos favoritos son los 5 sospechosos habituales: Wout Van Aert, Mathieu Van der Poel, Remco Evenepoel, Tadej Pogacar y Julian Alaphillipe. Pero nadie les va a regalar nada, obviamente. Viendo el recorrido, la opción del guión típico es muy probable (día de paseo y traca final), habiendo tanto llano entre repechos. Aun así, si hay mucha dinamita en el último repecho no deberían llegar muchos al sprint. Si hacen dura la carrera desde lejos, un ataque estilo Alaphillipe podría valer para llegar ya que hay muy poco espacio para cazas en el terreno llano hasta meta. Lo bueno de esta carrera es que puede sorprenderte perfectamente, por ejemplo, el año pasado se esperaba un sprint cantado.

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Pase lo que pase, lo que no dejará lugar a las dudas es que el vencedor será un titán de la bicicleta. Siempre digno, maillot arcoíris.

2 comentarios en «Siempre digno, maillot Arcoíris»

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