Mamá, quiero ser ciclista

Tiempo de lectura 5 minutos

Texto escrito por Eneko Carrillo

Mi primera bici fue una BH roja. Roja como la que usaba Julián Gorospe, el ídolo ciclista de aquel niño que era en la primera mitad de los años 80.

Recuerdo el día que mi abuelo, Ramón, me llevó al aparcamiento de Peroño para enseñarme a conducir esa máquina de hierro forjado sin los ruedines que me acababan de quitar. Primero me sujetaba por el sillín para minutos después soltarme sin yo darme cuenta. Miré hacia atrás y lo vi como a 10 metros del lugar donde yo ya empezaba a tomar velocidad. Resultado… al suelo. Me volví a subir y tras unos cuantos bandazos y alguna que otra caída más descubrí la libertad e independencia que sólo es capaz de darte una bicicleta. Al llegar a casa le dije a mi madre: “Mamá, quiero ser ciclista”.

Julián Gorospe

Eran años en los que este deporte estaba creciendo. Estos días se recuerdan los 40 años de la estructura del Movistar, antiguo Reynolds. En ese equipo estaban los mejores ciclistas del país. Arroyo, Perico, Laguía, Gorospe,… Pero además, también existían otros equipos españoles que acompañaban en el pelotón a los Hinault, Fignon, Kelly, Caritoux y compañía. Recuerdo el Huesos, ZOR, BH, Teka, SEUR, Dormilón,… y otras tantas y tantas escuadras. Y es que había escuelas de ciclismo en infinidad de localidades, desde las grandes capitales hasta pueblos de igual 2.000 ó 3.000 habitantes.

En aquella época se disputaba un buen número de carreras durante toda la temporada, tanto a nivel profesional como de aficionados. No era extraño desplazarte a pasar el día a cualquier punto de tu provincia y que una moto de la guardia civil te diera el alto para que pasara la serpiente multicolor.

Recuerdo también que, cuando pasaba la Vuelta a España, o incluso carreras menores, se paralizaban los pueblos. Se suspendían las clases durante una hora o dos para ir a animar a los ciclistas. Caminábamos desde la escuela, en fila de 2, hasta “la general”, carretera que cruzaba nuestra villa y por donde en un unos minutos pasarían esos ídolos cuyas caras pegabas en las chapas de bebidas.

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Era fácil encontrar todo tipo de colecciones relacionadas con el ciclismo

Luego llegaría el Tour de Perico y poco después la era Induráin. Precisamente en la primera mitad de la década de los 90, eran varios los equipos españoles que participaban en la ronda gala y muchos los ciclistas de nuestro país que estaban entre los primeros clasificados en la general final. Los periódicos deportivos, además de dedicar portadas a este deporte, contaban con varias páginas en su interior comentando lo acontecido en las 3 grandes vueltas, con artículos de calidad y una amplia clasificación en la que aparecían todos los corredores y su progresión etapa a etapa.

En resumen, durante esas prácticamente dos décadas había tal admiración por los corredores a los que se veía y trataba como héroes, existía una gran pasión por un deporte puro y duro y se le daba en la prensa el trato que se merecía. Todo ello contribuyó a que años después hayan aparecido una buena camada de corredores que querían imitar a sus ídolos, como los Valverde, Purito, Contador, Landa, etc…

En la actualidad tan sólo hay un equipo español entre los mejores del pelotón y poco más de una docena de nuestros corredores disputan el Tour de Francia. En la prensa escrita (o en su versión web) tienes que escarbar mucho para encontrar una noticia sobre ciclismo, incluso cuando se disputa un Giro de Italia. Es más fácil encontrar un artículo sobre el nuevo peinado de Cristiano Ronaldo que la clasificación de la última etapa de La Vuelta. Ahora las cunetas, los pueblos no están a rebosar de gente aplaudiendo a los corredores a su paso y pocas son las escuelas ciclistas que quedan. Sólo en las principales ciudades y en algún pueblo contado en el que algún nostálgico mantenga todavía vivo un equipo.

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Pocos son los que se acercan a ver el paso de la serpiente multicolor. Foto: La Vuelta/Unipublic

No sabría exactamente dónde situar el punto de inflexión entre ambas situaciones. Quizás ni siquiera exista. También me parecería injusto echarle la culpa solamente al dopaje, como muchos quieren simplificar, o al hecho de que ya no haya victorias españolas en las grandes citas. No hace tanto que Contador ganaba Tours, Giros y Vueltas y el trato de la prensa era ya similar al de hoy en día.

Yo lo veo más como un proceso que ha durado unos cuantos años y lamentablemente creo que no hemos tocado fondo. Como digo, son varios los factores. Tras la retirada de Induráin, el “aficionado” español estaba hambriento de triunfos y pronto se buscaron sustitutos, el primer agraciado Abraham Olano. Esas victorias no llegaron, al menos no al nivel que se le exigía al guipuzcoano.

En 1998 saltó el escándalo en el Tour con el caso Festina, con plantón de corredores en medio de una etapa y la retirada de la prueba de más de la mitad del pelotón en señal de protesta contra la organización. Y justo un año después, un americano, empezaba su mandato en la ronda gala que duraría 7 años. No se valoró, ni desde la prensa ni desde la afición, los podios de los Escartín y Beloki. Las victorias de etapa de los Freire, Lastras o Iban Mayo tampoco contentaron a un público que lo único que quería eran grandes gestas, que un Olano fuera capaz de ganar la carrera durante un lustro sacando 4 minutos al segundo.

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El Tour de 1998 fue un punto de inflexión en la lucha contra el dopaje y en el descrédito del ciclismo.

El mal ya estaba hecho. De nada sirvieron las posteriores victorias de Pereiro, Sastre y Contador. Los mundiales de Freire y Valverde; los arranques de Purito, las ascensiones de Landa o Nieve. Quizás la mejor hornada de ciclistas españoles de toda la historia por cantidad y calidad. Desde la prensa, repito, se enmudecieron o difuminaron muchas de estas hazañas. Vendían más otro tipo de sensacionalismos amarillos que acabaron desembocando en que el “aficionado” tenga poca y mala información, que se desconfíe de los corredores y, consecuentemente, que se infravaloren los triunfos conseguidos.

Ahora, pienso, es tarea de todas y todos sacar de la UVI el ciclismo. Instituciones, organismos, patrocinadores, periodistas, aficionados, ciclistas y exciclistas. Pongámonos a trabajar de una vez por todas, hagamos otra vez de este deporte una pasión, informemos, llenemos las cunetas, creemos nuevos equipos, nuevas escuelas para que mañana, un niño de 4 años con una bici roja llegue a casa y diga: “mamá, quiero ser ciclista”.

2 comentarios en “Mamá, quiero ser ciclista”

  1. Buen artículo Eneko, pienso que el declive del ciclismo es por muchas circunstancias, no tengo duda que el dopaje es una de ellas pero no el único, pienso que la estafa económica tiene mucho que ver, sobre todo en la desaparición de muchas carreras que sin ellas no hay ciclistas, estábamos tocados de muerte y llegó la puntilla. Un saludo y gracias por el articulo.

  2. De todas maneras en este país ha pasado prácticamente en el resto de deportes y todo ha pasado al fútbol. Balonmano, waterpolo, atletismo… Y baloncesto no es que esté bien precisamente. Asi que no es culpa del dopaje. Siempre recordaré que en la segunda victoria en la general del tour de Contador la portada de Marca era el futbolista Granero. Y a veces yo prefiero que no salga en esta prensa deportiva de aquí, porque como has dicho es sensacionalista y mediocre. Pero esto último es una opinión que me he permitido.
    Muy buen artículo Eneko.

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