Ventagli #74 — El tiempo

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Texto original escrito por Gabriele Gianuzzi para la página web LoggioneSport.

Ochenta y dos horas y cincuenta y siete minutos.
Son un poco menos de tres días y medio.
Tres días y medio de esfuerzo y sudor a pedales, repartidos en 3.365,8 km y 21 días de carrera.
Ninguno ha podido dar más de si.
Egan Bernal es el primer colombiano en ganar el Tour de Francia.

Desde hace siglos, más o menos desde la existencia de la humanidad sobre la Tierra, el hombre ha buscado de definir el tiempo. Lo han intentado desde la ciencia y desde la literatura pero la pregunta continúa sin respuesta: ¿qué es el tiempo?

En el ciclismo el tiempo lo es todo. Es la medida de la victoria principalmente, pero también y, sobre todo, es la medida de la derrota. No nos solemos detener en el tiempo del ganador, en cambio, nos preguntamos: ¿cuánta distancia ha tenido con él segundo? ¿Quién ha perdido tiempo?

Perder tiempo es un concepto que a menudo se escucha en la carreras de ciclismo, especialmente en aquella a etapas. Tiene un significado completamente distinto de aquel que probablemente cada uno de nosotros utiliza en la vida diaria cuando en esencia perder tiempo significa hacer el vago. En el ciclismo quien “pierde tiempo”, la mayoría de las veces no vaguea. No es que no tenga ganas, más bien, son las ganas de superar los límites lo que le lleva a estallar, perdiendo mayor tiempo. Transformado por el tiempo y por la fatiga, no consigue estar detrás de los mejores y se queda. O se equivoca de movimiento y cae. Muchas veces esto sucede mientras se busca recuperar tiempo. A veces, está quien se encuentra luchando contra el tiempo por causas ajenas a él. Es una opinión común que si a alguien le pasan las cosas a menudo, un motivo de fondo existirá: probar a explicárselo a Mikel Landa.

El tiempo, en la vida como en el ciclismo es una dimensión.
Nos ayuda a dar un orden.
Pero a veces es también un límite, porque nos incita a pensar en compartimentos estancos.
Nos lleva a creer que la victoria de un joven es el inicio de un largo viaje así como la derrota de un anciano es el camino hacia la puesta de sol.
Del mismo modo la derrota de un joven viene considerada menos importante, a menudo, incluso es definida incluso como experiencia. Tiempo al tiempo. Y la victoria de uno menos joven, sin duda, viene vista como una última posibilidad.
En parte es cierto, pero no siempre.

Aquello que el tiempo me ha enseñado es que cada uno tiene su tiempo.
Hay quien madura antes y decae rápido. Hay quien no madura nunca. Hay quien tiene un desarrollo regular.
Quien madura tarde y no se desgasta nunca. Y así sucesivamente…

No sé a qué categoría pertenece Egan Bernal.
Antes del Tour escribí que me hubiese sorprendido mucho verlo de amarillo sobre los Campos Elíseos. Demasiado joven pensaba.
Después del Tour, empujado por el ímpetu de su victoria me he dado prisa en escribir “el primero de muchos.”
Nunca he sido el mejor en darme tiempo.

Egan bernal es el maillot amarillo más joven de siempre. Solo dos ganadores de Tour han conseguido la victoria siendo más jóvenes que él, pero el símbolo amarillo, que ha cumplido 100 años esta edición, no se había inventado todavía.
En una entrevista del 2017 a la revista francesa Vélo Magazine durante el Tour de Langkawi dijo: “No sé si tendré el nivel para ganar una gran vuelta: Giro, Tour o Vuelta. Si mi destino es el de llevar las caramañolas (bidones) a mis compañeros entonces querré ser el mejor portabidones del mundo. Simplemente quiero convertirme en la mejor versión posible de mi mismo.

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Hace un año Thomas se coronó, en esta ocasión es él quien corona a Bernal Foto: LeTour Twitter

Un país, Colombia, ha esperado esta consagración desde hace mucho, demasiado tiempo. Ahora que finalmente ha llegado, no vemos la hora de ver la celebración, todavía con los ojos rebosantes del espectáculo ecuatoriano en Verona por Carapaz.

Por un pueblo que celebra, hay otro que llora.
Francia lleva esperando su tiempo en la carrera de casa hace bastante.
Era 1985 cuando Bernand Hinault conquistó el último Tour “francés”. En 1989, el Profesor Laurent Fignon estuvo cerca de llevarlo a casa, pero Greg LeMond no estaba de acuerdo. En la crono final desde Versalles a París, llegó a meta con un retraso de 8 segundos. Más o menos el tiempo que necesitamos para decidir si comprar el queso curado o semicurado.
Afortunadamente no tenemos un Tour de Francia en juego cuando hacemos la compra.

El hecho es que Francia lleva 35 años en la búsqueda del tiempo perdido.
Y quizás este año ha dejado el amargor en la boca de tantos.
La dulce madeleine, que hubiese devuelto a los apasionados franceses a los dulces tiempos de la infancia victoriosa, tenía apariencia de Romain Bardet y Thibaut Pinot. Según L’Equipe era “el año o nunca más”. Espero por ellos que no sea así.

Romain Bardet, tras haber perdido mucho tiempo demasiado pronto, se ha dedicado al tempismo. Buscar las fugas, hacer volatas en subida para ganar los puntos de la clasificación de la montaña y recuperar energía para el día siguiente. Sabia decisión, todo sumado, que le ha llevado a París como uno de los franceses más sonrientes.

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Un joven Bardet con el maillot de la montaña grita a Virenque también en con el maillot a pois en las montañas del Tour. Su padre se la llevó a París.  Foto y fuente: Le Parisien

Un segundo francés muy sonriente era Julian Alaphilippe. Pocos hubiesen creído verlo en amarillo hasta la penúltima etapa alpina. Y, aún así, con las uñas y con los dientes se ha mantenido agarrado al símbolo amarillo hasta hundirse definitivamente sobre el Iseran, primero, y sobre Val Thorens después. Cuando tal vez mucho habían comenzado a creer.

El premio supercombativo recibido sobre el podio de París puede parecer una consolación, pero por el contrario es el justo reconocimiento a un ciclista que ha regalado espectáculo todos los 21 días de carrera.
Quién sabe si este tiempo no le ha servido también para madurar una nueva idea. La voluntad de competir en las grandes vueltas. Por el momento dice de estar todavía convencido de sus clásicas y que el próximo año quiere probar en Flandes. El tiempo dirá.

La experiencia metafísica del tiempo como cambio, la ha vivido sin duda Thibaut Pinot. Por años un país entero ha cargado de expectativas demasiado grandes su hombros aún demasiado frágiles. Se ha tomado su tiempo. Ha dedicado gran parte de su carrera a Italia donde algunas abrasadoras batallas en el Giro y una espléndida victoria en Lombardía, lo han hecho madurar.

Este año era el tiempo para Thibaut de poner la responsabilidad sobre sus hombros. De cargarse las expectativas de toda Francia y de los franceses y de llevarlo hasta la meta. Tres semanas que han llevado a Pinot sobre un frenesí de emociones que hubiesen hecho temblar el pulso hasta de los más fuerte de corazón.

Bien sobre la tierra de casa, bien sobre los terrenos ásperos y poco conocidos como la etapa de St Etienne, muy mal con los abanicos y de nuevo a la grande sobre los Pirineos. El Tourmalet en el bolsillo. Un puerto mítico, que para mucho valdría la presencia en el Tour. Con atención sobre los Alpes, una maniobra extraña para evitar una caída hizo que el manillar golpease su muslo. El dolor que inicialmente no se siente por la adrenalina, después siempre se vuelve más fuerte.

Pero cuando uno piensa que ha llegado su tiempo, su momento, es imposible pararlo.

Izoard y Galibier escalados con una sola pierna. Antes de llegar al hotel y dedicarse a los masajes recuperadores.
Todo documentado en vídeo por France TV que estaba grabando un documental sobre su Tour, el retorno del hijo pródigo a su patria.
El día después no hay más. El dolor es demasiado fuerte. La cabeza desconectada. Las lágrimas que recorren su rostro. Un drama televisado para el mundo.
Las escenas de después en el hotel condensan todas las emociones y es un magnífico spot para el deporte y no solo.
Una persona en dificultad que llora diciendo “se acabó”. Su mánager, Marc Madiot, que lo anima.
No ha terminado, hay espacio para la lucha.
No ha terminado, hay un equipo con el que puedes contar.
El destino puede cambiar.
Bastan ganas y tiempo.

Steven Kruijswijk había parado su tiempo hace tres años. Sobre el Colle dell’Angello, en maglia rosa, cae en medio de la nieve, se rompe alguna costilla y, sobre todo, pierde el Giro a dos días del final. Desde ese momento, un largo retorno. Las sensación era que su tiempo había pasado, probablemente. En este Tour tenía una misión: no perder tiempo. Con el podio final sobre sus pies aún sin ser de los más espectaculares, podemos decir, por usar un eufemismo, misión cumplida.

Esperamos que sea un nuevo inicio y no se convierta en una práctica habitual. Pero del mismo modo, no podemos esperar que otros luchen batallas que no quieren solo por el gusto de hacernos un favor. Y Steven hará aquello que le parezca mejor para él.

Qué son tres días y medio en la vida de cada uno de nosotros.

Egan Bernal los recordará durante mucho tiempo.
Sea cual sea su destino.

Traducción: Albert Rivera.

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