El Aperitivo #15: La Madonna del Ghisallo

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Arrancamos este decimoquinto aperitivo visitando Ivrea, ciudad que hoy en día es conocida como la ex Silicon Valley Italiana y por una vez no es una exageración patriótica. Ivrea, de hecho fue la casa de Olivetti, una empresa electrónica que durante años fue sinónimo de innovación con una visión avanzada del mundo. Por ejemplo, idearon las bases de lo que hoy conocemos como ordenador.

Autor del texto original Gabriele GianuzziVisítalo aquí.

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Como a menudo sucede en Italia, una serie de decisiones equivocadas y una política industrial miope transformaron un ejemplo de vanguardia en un ejemplo de fracaso. Y claro, adiós a la Ivrea Valley.

En la actualidad Ivrea con mucho esfuerzo está buscando de reinventarse, primero de todo gracias al turismo. Entre las principales atracciones para el viajero está sin duda el Carnaval que tiene su punto culmen en la conocida como batalla de naranjas. Las diferentes partes de la ciudad combaten entre sí lanzándose las naranjas (y sí, como podéis imaginar se hacen bastante daño) en aquello que pretende ser la metáfora de una revuelta del pueblo contra el opresor.

Dejando atrás los fracasos empresariales y las naranjas de Ivrea, para llegar a Como el pelotón ha recorrido las carreteras de Lombardía y, sobre todo, una de ellas en particular es sinónimo de ciclismo puro. Superar la dura subida a Via Adua significa llegar a la iglesia de la Madonna del Ghisallo.

“Dios creó la bicicleta para que el hombre la hiciera un instrumento de lucha y de exaltación en el arduo itinerario de la vida. Sobre esta colina la bicicleta se ha convertido en un monumento a la epopeya deportiva de nuestra gente, que siempre ha sido dura en su virtud, dulce en el sacrificio.”

Una inscripción en los alrededores de la iglesia recoge estas palabras que representan la unión entre la bicicleta y el espíritu. El Ghisallo es iglesia, muro y museo, pero sobre todo ciclismo, cien por cien. Allí se puede respirar el espíritu de aventureros, héroes y pioneros de la bicicleta. Entrar en la pequeña iglesia y ver todas las bicicletas colgadas, los maillots vistiendo sus paredes y los banderines, es una emoción indescriptible. Compartir una pequeña charla con el capellán y dejarse transportar a una época que hace tiempo que no existe. Mágico.

Hacer un visita a la Madonna del Ghisallo es una experiencia incluso para aquel que no es creyente. El museo justo a su lado, sin duda, vale la pena. Si estáis indecisos sobre si ir al próximo Giro de Lombardía, ¿a qué estáis esperando?

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